20 de diciembre de 2011

meet


En una estación de tren, ella esperaba que la pase a buscar para irse muy lejos, donde no pudiese sufrir, y donde llorar sería raro. El estaba sentado en un bar, recordando la voz suave que lo despertaba todos los días, recordando el café con tostadas. Pero ya no estaba, la había dejado ir, o sola se había ido, daba igual, el caso era que, por más vueltas que le diera al asunto, nada lo solucionaría. Ella estaba viajando en un box sin compañía alguna, atenta a si se dormía, intentando leer un libro que estaba por terminar y no sabía de que se trataba. El se iba del bar derecho a su casa. Ella se despertó, notó que estaban por llegar, se bajó del tren, y tomó un colectivo. El compraba una revista en un kiosco. Ella buscaba la dirección de la pensión. El estaba abriendo la puerta. Ella estaba a su lado. El vio a una mujer. Ella vio a un hombre. 

15 de octubre de 2011

lo bailado no te lo saca nadie

Pasa un tiempo que te das cuenta que las cosas cambian, la gente cambia. Uno cree que sigue igual, pero también cambió para los demás. Y quizás lo extrañes o quizás no, puede que uno quiera ser el de antes pero siempre se va a tener que adaptar a sus cambios, a los suyos y los de los demás. Sean malos o buenos. Y lo mejor es aprovechar lo positivo ((porque en todo hay algo positivo)) de esos cambios, SEAN LO QUE SEAN, todo pasa por algo y lo que terminó ayer abre las puertas para que algo mejor inicie hoy, y al tiempo lo entendes.
Ayer te odiaban y hoy te tratan como si nada hubiese pasado, pensas un poco en perdonar y terminas siendo un rencoroso/orgulloso, y ¿de qué? no tengo la culpa de conocer los limites de maldad de otro. Hoy no hay lola, ni hoy, ni mañana.
También pasan cosas que te ponen aún más tristes porque sabes que no hay vuelta, y no vale la pena instalarse en los recuerdos porque hacen peor. No vale la pena quedarse con culpa de no haber estado más o menos tiempo con esa persona porque lo que uno quiere es, no tener más recuerdos, sino, poder volver a verla.
Pero a todo esto, vienen las alegrías, y la felicidad, a pesar de todo. Lo que compensa el dolor que dejaron los hechos, cosas buenas, que te hacen feliz. Y por eso gracias, a mis amigos, GRANDES AMIGOS, a cualquier pelotudo que me escucha porque sí, a mi novio, que tiene un corazón que vale más de una vida, a mis viejos, que lo son todo, a mi familia, y a todas las personas a las que le debo las gracias. gracias.

my life, is nothing without you, I'm nothing without you

12 de septiembre de 2011

Romeo and Juliet

Una vez pense tenerlo todo... hasta que te conocí.




171 days since we've have been together







Soy más feliz que nunca

9 de septiembre de 2011

PARA VOLVER









Sé que algún día tengo que volver a ese lugar. Extraño la rutina rara que tuve ese mes. Tomarme el tren una semana seguida de Sorrento a Nápoles, ir y venir, aeropuertos, extraño el desorden de Termini y el peligro de Nápoles. Extraño la playita y tener nuestra propia sombrillita y reposeras reservadas en Lido di Jesolo. Lo depresivo y original que es Venecia, las iglesias llenas de oro, que encima te piden que te tapes los hombres y las rodillas con 29°c de calor. LAAAAA y lo lindo que es Capri, ¡que frescura por favor! Extraño a los parientes que tuve que ir a visitar sin interés pero que se notó que eran buena gente, la emoción de esos tanos cuando sabían que había parientes. Me causa risa todavía pensar en todos los viejitos de ese pueblito que ni me acuerdo el nombre, buscando al viejito Lavino Piccirillo. Y al otro día ya nos invitaban a comer y el hermano con su mujer que no paraban de decirnos “pa dormi y pa manjare”, la gorda que sacó la foto de mi abuela nely ‘¿ma eta quie e?’ Las personas atendiendo los celulares ‘prego’ y el ‘graccie’ o ‘escuse’ o como se escriba. Quiero aprender italiano, fue como si habláramos en español, no me acuerdo de que nos hablaran en un idioma diferente. Es hermoso. Tenía razón Liz Gilbert con que el idioma parece una melodía, y que Italia es sin duda el país del placer, de la comida y de la alegría. Extraño también el aeropuerto Madrid Barajas y toda su arquitectura moderna, los pelotudos de Iberia y las gallegas que ((hablaban medio gallego, lógico)) y te decían ¿masitas de canela? Hasta que se avivaron que  tenían que dejar de regalar comida y empezaron a vender toda la comida en los vuelos cortos, por lo tanto, nos cagabamos de hambre. ¡¡Mi tía Pilar!! Qué risa, un genio, un genio. El hotel Axor barajas, qué lindo hotel, qué lindo el shopping que estaba cerca de ese hotel, ¡¡el gift shop de cosas raras!! Y el guía del Tour que nos dio las instrucciones: si algún día paran en ese hotel y quieren ir desde el centro histórico hasta el hotel tienen que tomar el metro línea 5, y luego el bus 77, todavía lo recuerdo, si algún día vuelvo, ya sé cómo hacer. Y parís, que lindo es París, a pesar de la zona horrible en la que nos dejaron (nunca vallan al hotel Iris), pero, pisé el puto cero, así que a Francia, voy a volver, según me dijeron por ahí. El barrio latino, ay, y el montecito donde pintan los Impresionistas, Notre Dame con su arqitectura y toooooodos sus significados. El Louvre, qué ganas de quedarme mirando la pintura de la revolución francesa de Delacroix, que ganas de volver al Prado y llevarme conmigo a Las Meninas de Velázquez, aunque un poco pesadito iba a ser. Qué ganas de volver dentro de 10, 15 años y ver como cambió el Louvre, de ver como la gente sigue llendo a la maravilla de la Torre Eiffel, sacando fotos, subiendo, llendo al restaurant de lujo del primer piso, que debe salir dos piernas, un brazo y un ojo, pero la gente va. Los africanos vendiendo llaveros clásicos ahí abajo y los policías corriéndolos en bicicleta. Los árabes que te insisten que le compres cosas con cara de malo y me dan miedo. Estar meandose e ir a un restaurant, meterse directamente al baño y después hacerse el pelotudo que querías comer pizza y pizza no había, entonces irte mientras el mozo franchute te caga a putiadas que apenas entendes. Mearse de la risa y pasar buenos momentos, sentarte a la orilla de Siena y ver a los turistas como vos pasar gritando y saludando a los que están sentados. Ahí tengo que volver de alguna u otra forma, a conocer más, a ver más, y a otros lugares quizás tan hermosos como ese. Con otras personas, quizás dentro de muchos, muchos años, pero le perdí el miedo a los aviones, le perdí el miedo al tiempo. Juré que ahí iba a volver con quien quiero, y si puedo, lo voy a hacer.